Difusión del conocimiento de las ciencias médicas

05/06/2023

El protomedicato del Río de la Plata -¨La variolización¨ – Siglo XIX

Por Lic. María Nélida Hessain

. Lectura de 5 minutos

El Dr. Gorman podía reunir, el registro de los actos médicos de todos los habilitados para el ejercicio profesional, así como de sus resultados.

El Protomedicato  ayudó a introducir un nuevo  procedimiento de registros de las personas vacunadas, basado  en la estadística de los resultados de su aplicación, comparándolos con los obtenidos en un grupo control.

La vacuna  antivarióica , fue aplicada por Edward Jenner por primera vez en 1796, por vía cutánea,  infectando deliberadamente a un niño de ocho años con el fluido de una pústula de un bovino afectado por la enfermedad “vacuna (cow-pox). Gracias al médico catalán Francisco Puiguillén, llegó a España en el 1800  procedente  de Francia.

En este país el procedimiento era resistido por tratarse de un invento inglés y sólo se generalizó cuando la viruela atacó, varios años después, al ejército de Napoleón y éste obligándolos a su aplicación.

En 1803, el Gobierno español decidió aplicar en las colonias de los beneficios del nuevo procedimiento, fundamentalmente por razones humanitarias, pero también porque:

“siendo lo más gravoso de todo, la disminución de los tributos de los indios, que faltando, faltan otros tantos contribuyentes y bajan por consiguiente las entradas de la Real Hacienda”… agregándose el pedido a los Arzobispos y Obispos de que cooperasen en “verificar el uso y la práctica de la vacuna en el respectivo distrito de cada una, pues, además de exigirlo la caridad Cristiana, resultará el beneficio de que no decaiga con la mortandad de sus feligreses la gruesa de Diezmos de la dotación de sus iglesias, ni el Real interés de los dos novenos aplicados a S. M. ¨

Para la expedición, dirigida por el Dr. Francisco Javier de Balmis, se fletó un navío especial, el cual partió de La Coruña llevando a bordo  a 22 niños expósitos que tenían, conservada de brazo en brazo, la vacuna al ¨Nuevo Continente¨. En Puerto Rico y luego en México, Balmis se encontró que la vacuna ya había sido introducida, lo cual generó más de un conflicto.

La expedición nunca llegó ni al Perú ni al Río de La Plata.

El 5 de julio de 1805 arribó al puerto de Montevideo la fragata portuguesa “La Rosa del Río”, perteneciente al Sr. Antonio Carbalho Machado y cuyo capitán era Manuel José Díaz. Este era uno de los tantos ¨barcos negreros¨ que regularmente llegaban a Montevideo a descargar su infame comercio. La “Rosa del Río” llevaba 38 negros, pero en este caso había una singularidad que lo haría pasar a la historia.

En los brazos de tres de los negros venía evolucionando con todo éxito la pústula vaccinal, ya lista para ser transmitida a otras personas.

El gobernador de Montevideo, Ruiz Huidobro, envió una carta al Virrey , en la cual menciona que los tres negros fueron internados en el Hospital provisional bajo la vigilancia de José Giró  y Juan Cayetano Molina, quienes llegaron a la conclusión de que el fluido no podía ser transmitido.

El propietario de la nave había traído también algo de linfa en un portaobjeto de  vidrio, que entregó a los facultativos mencionados. También se lo suministró al cirujano don Cristóbal Martín de Montúfar, quien consiguió reproducir con ese material, la pústula vaccínica en cuatro niños.

Esto hizo que el gobernador acordara con el capitán de navío Don Santiago de Liniers que en las goletas de su cargo conduzca a Buenos Aires dos o más vacunados y algún virus en portaobjetos de vidrio.

El 28 de julio llegó la vacuna a Buenos Aires, Gorman dispuso que Justo García Valdés y Salvio Gaffarot iniciaran la vacunación, habiendo preparado una “Instrucción para el uso de la vacuna”, en un documento de varias páginas.

Desde Buenos Aires se llevó la vacuna a la Colonia del Sacramento en agosto de ese año, y también a Cuzco, Salta, las Misiones y a Chile.

Poco tiempo después, una disposición del Protomedicato la hacía obligatoria en todo el virreinato, en el cual, como todos sabían que la ley se acata pero no se cumple. En Buenos Aires se vacunaba en el Hospital de Santa Catalina y en la Casa de expósitos.

A los pocos meses ya nadie acudía a vacunarse, lo cual amenazaba la conservación misma de la vacuna. El Virrey no dudó en solicitar ayuda a los eclesiásticos y a los vecinos. Cuando parecía que no se conseguiría conservar la práctica, el teniente párroco del Socorro, Saturnino Segurola, se convirtió en el conservador y promotor de la vacuna en Buenos Aires.

Segurola contaba:¨ Al principio se trató de su conservación y para el efecto se ofrecieron los Médicos Dn. Justo García y Dn. Salvio Gaffarot ,haciendo esta oferta al Virrey Sobremonte,  Argerich hizo igual oferta al Cabildo. A los dos o tres meses concluyeron su comisión así García y Gaffarot como Argerich, dejando a mi cargo dicha conservación.¨

¨El  Protomedicato mandó darle debidas gracias por el celo, actividad e infatigable diligencia con que ha propagado y conservado el apreciable fluido vacuno¨.

Ese año Gorman consiguió la sanción de un Reglamento que organizaba la lucha antivariólica en la ciudad y preveía los recursos para sostenerla, a través de aranceles variables, desde 6 pesos fuertes para los pudientes de primera clase hasta tres para los de quinta clase que tienen criado, uno para los de esa clase que no lo tienen y nada para los considerados pobres.

Es decir que la vacuna se administraba a todos y se costeaba con un arancel adaptado a las posibilidades de cada uno, previéndose su gratuidad para los pobres.

Consiguió la designación de un Comisionado General de la Vacuna, cargo que Segurola se ofreció a desempeñar gratuitamente y que obtuvo, después de un retaceo que lo restringía a vacunar sólo en el curato del Socorro, en tanto, Argerich y Rivero lo harían en el resto de la ciudad. El Cabildo se oponía a que se cobrase por la vacuna, pero tampoco autorizaba fondos propios, razón por la que aprobó dicho arancelamiento.

En julio de 1809, llegó el nuevo y último Virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros. Gorman, que en ese momento tenía cerca de setenta años, se presentó ante él.

¨Nos, Don Miguel Gorman, Dr. en Medicina por las Universidades de Reims y París, socio de la Real Academia de Medicina Madrilense, primer Médico de las Expediciones de Argel y de las últimas de esta América Meridional, Catedrático de Medicina y Protomédico General de este Virreynato de Buenos Aires,… como rezaba el encabezado de sus resoluciones, incluyó en la institución todas las funciones de salud pública que un Protomedicato podía incluir.¨

Para algunas de estas funciones creó instituciones específicas, como la Escuela de Medicina, la Junta de Sanidad o el Conservatorio de la Vacuna, soñó con instituciones que no llegaron a concretarse, como los Hospitales Generales o la Academia de Medicina, para cuya instalación, que deseaba localizar en Montevideo, tenía preparada la conferencia inaugural.

El mismo año, Gorman, donó a la Biblioteca Pública,  que acababa de fundar Mariano Moreno, una gran parte de su biblioteca. 

Las últimas décadas de gobierno colonial produjeron, en el Río de la Plata, transformaciones institucionales de enorme importancia:  el Virreinato, las Intendencias, la Real Audiencia de Buenos Aires, el Tribunal de Cuentas, la Aduana, el Consulado (cuya Secretaría ocupó, desde su fundación, Manuel Belgrano) y el Protomedicato, en cuya configuración tanto tuvo que ver don Miguel Gorman.

Fuentes:

Organización Panamericana de la Salud -https://iris.paho.org/bitstream/handle/10665.2/3476/argentina-salud-publica-historia-tomo1.

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