Difusión del conocimiento de las ciencias médicas

07/12/2022

La Salud en la Argentina (un sistema fragmentado) – Parte ll

Por Por el Dr. Rodolfo P. Ragoni

. Lectura de 3 minutos

Continuando con la primera parte, recordemos que lo público puede ser enfocado bajo tres visiones, que definen la forma de provisión del servicio salud.

Ellas son:

  1. La visión política (ya desarrollada)
  2. La visión fiscal
  3. La visión práctica de su ejercicio (la prestación en sí misma)

Haremos el análisis de la segunda,

Visión Fiscal

El sector de la salud es uno de los más innovadores y, sin embargo, el acceso a la estas innovaciones y su financiación, es uno de los principales retos de los sistemas sanitarios en la actualidad ( fundamentalmente en el sector público) .

Si miramos la inversión en I+D+i sobre las ventas del sector, la industria farmacéutica, la biotecnología y la industria de equipamiento sanitario se sitúan entre los sectores que más invierten en innovación (exclusivo del sector privado).

Desde que se inició la crisis económica mundial en el año 2008 y, aún antes, el gasto sanitario público ha ido disminuyendo.  El déficit en el área pública fue provocado por la caída de la recaudación fiscal y el crecimiento del gasto en protección social (graves desequilibrios en el mercado del trabajo).

Este déficit público provocó un rápido incremento de la deuda pública, y produjo la aplicación de políticas de contención del gasto público, entre ellos, el sanitario (achicamiento del gasto frente a una disminución de los ingresos fiscales y el aumento de las deudas soberanas).

Estas políticas fiscales tienen origen en acuerdos anteriores y nos tenemos que remontar a la instrumentación del famoso “Consenso de Washington” donde se definió el concepto de salud como un bien económico, constituyendo un gran cambio en todo el continente latinoamericano, teniendo como socio en el proyecto a las OMS (Organización Mundial de la Salud); que cede su protagonismo a los organismos internacionales (y multilaterales) de crédito.

Entre los años 80 y 90 se establecieron pautas muy bien definidas y aceptadas (OPS: Organización Panamericana de la Salud) que produjeron profundos cambios con respecto a la salud:

  1. Se hizo hincapié en la visión doctrinaria (definiendo el derecho a la salud)
  2. La visión estructural del poder sectorial (fragmentación)
  3. Las bases del financiamiento (política fiscal)
  4. La disposición de una lógica sistémica (marco institucional, organización de los modelos de atención, cobertura poblacional, etc.)

El cambio propuesto parte de la base del concepto de la ineficiencia del Estado en la provisión de los servicios; potenciando la injerencia del privado a través de incentivos de mercado para alcanzar una mejor relación entre la oferta y la demanda.

En resumen, se internalizó la dicotomía de poco Estado y más mercado, llevando a la salud al rango de bien/servicio económico, alejándose del concepto de bien social universal.

Derivado de ello es que se transita siempre un camino bien señalizado dentro de los esquemas de política pública fiscal: cuando nos encontramos ante la necesidad de ajustar las políticas de gastos, a nivel presupuestario, las partidas más lesionadas (hablamos de quita de recursos) son la salud y la educación.

Trataremos de pensar que no es intencional la práctica que siempre se lleva a cabo, pero hasta hoy, lo social potencia estos recortes.

Estaríamos frente a una tautología reformulada lo social involucra a la salud y la salud es parte inescindible de lo social.

Parecería ser que la salud no es un bien social, o por lo menos parte de este, nunca el presupuesto en salud pudo superar el 4 al 5% del PBI generado, mientras que países mucho más avanzados llegan a guarismos cercanos al 10%.

Como conclusión podemos entender que cuando el Estado se repliega (abandona su rol de “gendarme”) genera un campo fértil para que el privado (con poco) ocupe esos lugares (y se potencie la fragmentación).

La salud, como bien social, como algo meritorio, no puede ni debe ser válvula de ajuste de déficits presupuestarios, por lo cual, la política fiscal y su visión deben ser claras y responsables frente a la salud de su población.

Resumiendo, la política económica debe cubrir, ni más ni menos, lo que conocemos como función pública (es un servicio a la comunidad desinteresado para la generación de bienes públicos establecidos en la Constitución Nacional).

Fuentes:

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