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20/04/2026

El Poder Azul – “Carbono Azul”

Por Difusión DOCMED

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Los humedales costeros capturan miles de millones de toneladas de carbono, cinco veces más que los bosques terrestres.

Océanos, Costas y Sistemas de Agua Dulce

Es innegable la importancia de nuestros océanos y de las fuentes de agua para lidiar con el cambio climático.

Los océanos no solo proporcionan un enorme sumidero de carbono clave para el correcto funcionamiento del ciclo del carbón, sino que las corrientes marinas han actuado históricamente como un enfriador que hace más lenta la tendencia del calentamiento global.

La necesidad de proteger un recurso que constituye más del 70% de la superficie de la tierra no es una opción, sino un imperativo.

Carbono azul

Los impactos del cambio climático se están acelerando en todo el mundo, pero quizá sea especialmente rápido para las islas y las zonas costeras.

De hecho, diferentes  estudios sugieren que más de mil islas tropicales con poca elevación sobre el nivel del mar corren el riesgo de quedar inhabitables para mediados de siglo, conforme el aumento del nivel del mar traiga olas más fuertes, acuíferos inundados por agua salada y, eventualmente, su hundimiento completo.

Al observar el rol que la naturaleza puede jugar en la acción climática, el carbono forestal atrae muchas veces la mayor parte de una atención de por sí limitada.

Sin embargo, los humedales costeros –las sabanas inundables, las praderas marinas y los manglares– capturan miles de millones de toneladas de carbono de nuestra atmósfera con una concentración de hasta cinco veces más que los bosques terrestres.

El carbono capturado y almacenado en estos humedales costeros es llamado “carbono azul”.

Protección costera

Los humedales costeros también ofrecen otro beneficio que los distingue de otras soluciones de mitigación climática: protegen las costas al absorber la energía de las olas y ofrecer protección frente a las tormentas, muchas veces a costos menores que la infraestructura construida o “gris”, como los rompeolas o las esclusas.

Investigaciones de The Nature Conservancy (TNC) ilustran cómo la resiliencia costera basada en la naturaleza puede ahorrar a las comunidades cientos de millones de dólares cuando los golpea el clima severo, reduciendo el daño de las inundaciones hasta un 29%.

Los humedales

Desafortunadamente, los humedales se están perdiendo a un ritmo alarmante –más que ningún otro hábitat- debido a la actividad humana.

Los expertos estiman que la cantidad de dióxido de carbono emitido anualmente por los humedales degradados es de en torno a los 450 millones de toneladas.

Proteger y restaurar los sistemas de carbono azul del mundo es clave.

Los humedales no solo aportan captura de carbono continua, sino que también aumentan la resiliencia de las comunidades y las economías costeras.

Si los humedales costeros fueran restaurados a su tamaño de 1990, tendrían el potencial para aumentar la captura anual de carbono en 274 millones de toneladas anuales, compensando la quema de más de dos mil millones de barriles de petróleo.

 A esto hay que añadir las decenas de millones de toneladas de emisiones de carbono que podrían evitarse si no se perdieran más humedales y el impacto global de la conservación y restauración de los humedales costeros se hace innegable.

El rol de la naturaleza

Mientras que gran parte de las soluciones basadas en la naturaleza han ofrecido principalmente beneficios de mitigación, sería muy corto de miras no discutir el rol que la naturaleza puede jugar en ayudar a las comunidades vulnerables a reducir los riesgos asociados con los impactos del cambio climático que ya está ocurriendo.

En Estados Unidos, de 2005 a 2015, tan solo cinco huracanes importantes causaron más de 2.200 muertes y en torno a los $230.000 millones de dólares en daños.

En promedio, las pérdidas por las inundaciones en dicho país han aumentado a paso constante hasta llegar a cerca de $10.000 millones de dólares anuales, haciendo que el Programa Nacional de Seguros ante Inundaciones tenga una deuda de $24.000 millones de dólares.

Para contrarrestar estos riesgos y los costos crecientes, se necesitan mejores soluciones, más baratas, más inteligentes ymás ecológicas.

Las naciones, las comunidades y las empresas están reexaminando los sistemas naturales y su potencial para satisfacer necesidades económicas, ambientales y de seguridad.

Las costas vivas

Las costas vivas utilizan una combinación de materiales estructurales y naturales como los humedales, los pantanos, las dunas de arena, los manglares o los arrecifes de coral, combinados con troncos de fibra de coco, arena y piedras.

Estos pueden reducir la intensidad de las olas, prevenir la erosión y ofrecer una serie de beneficios económicos y ambientales.

Un arrecife de coral sano, por ejemplo, puede reducir el 97% de la energía de las olas antes de que golpee la orilla, protegiendo a la gente y la propiedad.

Las comunidades necesitan acceder a las soluciones eficientes y efectivas en costos de la infraestructura natural, pues el cambio climático amenaza con traer tormentas más intensas y más frecuentes en el futuro.

Soluciones basadas en la Naturaleza

Las soluciones basadas en la naturaleza pueden ayudar a la gente, las familias y las empresas a defenderse frente a estas crecientes amenazas.

Además, pueden ofrecer a las comunidades beneficios adicionales, como oportunidades recreativas mejoradas, mayores ingresos por el turismo, mejores hábitats para la vida silvestre y una mejor calidad del agua.

Específicamente, al mejorar la calidad del agua, hacer más confiables los flujos de agua cuenca abajo y contribuir a la seguridad alimentaria, la protección de las fuentes de agua puede llevar a las comunidades a ser menos vulnerables.

Más aún, un plan de protección de fuentes de agua basado en ciencia y concentrado en la adaptación puede identificar prioridades para la protección a futuro, para la restauración y para el manejo con base en los modelos climáticos.

Estas áreas futuras de implementación pueden ser muy diferentes de aquellas sobre el terreno hoy en día.

Resiliencia

La necesidad y la oportunidad de construir resiliencia a través del manejo del agua y de la tierra es cada vez más evidente para muchos gobiernos.

Ciento quince países que han firmado el Tratado de París mencionan el sector del agua como una preocupación clave cuando se trata de la capacidad de las naciones para adaptarse al cambio climático.

Más aún, muchos países, especialmente aquellos del sur global, vinculan las medidas de adaptación con la erradicación de la pobreza y el movimiento de esos países hacia los niveles de desarrollo de ingreso medio.

Además de construir resiliencia para las comunidades humanas, la protección de las fuentes de agua puede construir resiliencia dentro de los ecosistemas acuáticos y terrestres, algunas veces en forma indirecta.

Por ejemplo, proteger o restaurar las zonas riparias (ribereñas) con vegetación nativa ayuda a ofrecer conectividad lineal para los hábitats, vinculando diferentes ecosistemas, y modera las temperaturas a través de la sombra y crea microclimas para la vida silvestre local.

Entretanto, los beneficios de la adaptación para la biodiversidad también llegan a la gente.

El Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) ha recogido evidencia que sugiere que las estrategias de adaptación que benefician a las especies nativas y a los hábitats pueden simultáneamente construir resiliencia para las comunidades pobres que dependen de los bienes y servicios ambientales asociados a ellas.

Sugerimos leer un caso empresario holandés que desarrolla bosques subacuáticos y granjas marinas con el Kelp gigante  para la captación de «Carbono»  

Fuentes:

The Nature Conservancy- https://www.nature.org/content/dam/tnc/nature/en/documents/PlaybookClimateActionSpanish.pdf- Manual de Acción Climática

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