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30/01/2026

Costo oculto de las pantallas en la visión infantil

Por Difusión DOCMED

. Lectura de 4 minutos

El uso de móviles y tabletas está adelantando y agravando problemas visuales en la infancia, pudiendo ser irreversibles.

La vicepresidenta de la Sociedad Española de OftalmoPediatría, refirió que el uso y, sobre todo, el abuso de móviles y tabletas está adelantando y agravando problemas visuales en la infancia, con secuelas que en muchos casos son irreversibles.

La escena se repite: niños muy pequeños con la mirada fija a pocos centímetros de una pantalla y horas acumuladas de visión cercana sin apenas pausas ni luz natural. Detrás de esa imagen cotidiana, que mucha gente cree inocua, se esconde un cóctel de riesgos oftalmológicos que no solo crecen en prevalencia, sino que además están apareciendo a edades cada vez más tempranas.

La consecuencia no es solo cansancio ocular, sino miopía progresiva, estrabismo agudo convergente y espasmos de acomodación que pueden condicionar la visión, y la vida, de los menores durante décadas.

Miopía progresiva

La miopía progresiva es lo peor, es lo más grave, porque es irreversible”, advierte la Dra. Julia Escudero Gómez, vicepresidenta de la Sociedad Española de OftalmoPediatría, en una entrevista concedida a ConSalud.es.

La especialista subraya que existe una confusión muy extendida entre la población: “La gente cree que por quitarse las gafas se ha operado de la miopía y eso no es así. Se ha quitado las gafas, pero los daños que produce la miopía en la retina y en el ojo eso es para siempre ya”.

El problema comienza durante la infancia, cuando el ojo todavía está en pleno desarrollo.

“El ojo del niño desde que nace hasta que tiene 8 o 10 años está evolucionando”, señala, y los estímulos visuales a los que se somete en ese periodo son determinantes.

La miopía no es solo una cuestión de ver mal de lejos: “La miopía es que un ojo está creciendo más en la longitud del ojo”, lo que provoca que la retina se estire y pueda dañarse de forma permanente.

Ese crecimiento excesivo, una vez producido, no se revierte.

Estrabismo convergente

Junto a la miopía progresiva, los oftalmólogos pediátricos están detectando un aumento llamativo de otros trastornos.

“Otro problema es el estrabismo convergente, que siempre han existido, pero que ahora se están incrementando muchísimo”, explica la Dra. Escudero.

 Lo preocupante es la edad de aparición: “Los vemos en niños muy pequeños”, cuando antes era algo más propio de adolescentes.

Estos cuadros pueden debutar de forma brusca, con visión doble y dolor de cabeza, y obligan a descartar patologías neurológicas graves mediante pruebas de urgencia.

Espasmo de acomodación

Aparece cada vez con más frecuencia es como “una miopía muy alta que aparece repentinamente”, que en realidad puede ser falsa.

El abuso de visión cercana produce la contractura el músculo encargado de enfocar, generando una graduación que no es real.

“Le indican gafas pero no tiene miopia”, lamenta, con el consiguiente impacto en la vida del niño y en el abordaje clínico posterior.

En el origen de estos problemas confluyen varios factores.

La genética tiene un papel indiscutible, pero no es el único.

“La genética, el no pasar tiempo al aire libre, el exceso de visión cercana y unas posturas muy malas para ver los móviles a última hora del día”, enumera la Dra. Escudero, son elementos que se van sumando.

El resultado es una mayor prevalencia de miopía y otros trastornos en edades cada vez más tempranas, un fenómeno que, según afirma, se observa “en todos los países del mundo”.

La experta marca un punto de inflexión claro: “Sin duda, desde la pandemia”.

El confinamiento consolidó el uso de pantallas como principal forma de entretenimiento y relación social, reduciendo drásticamente el tiempo al aire libre.

Ese hábito excepcional se normalizó después, con un impacto directo sobre la salud visual infantil.

Recomendaciones

Las recomendaciones, deben ser claras y tajantes. “Hay que seguir fielmente las recomendaciones de la Asociaciones de Pediatría”.

“De 0 a 6, cero pantallas, nada”.

A partir de esa edad, los límites horarios existen, pero la mayor preocupación sigue estando en los más pequeños.

“Un niño de menos de seis años no debería ver una pantalla para entretenimiento nunca”.

Prevención

La prevención pasa, sobre todo, por recuperar hábitos básicos.

El factor protector más importante es el de pasar al menos dos horas al día al aire libre”, subraya.

La luz solar y la visión lejana aportan estímulos que la retina necesita para regular el crecimiento del ojo.

Frente a ello, el uso prolongado de pantallas, en posturas inadecuadas y a distancias muy cortas, actúa como un potente factor de riesgo.

Más allá de la visión, la doctora advierte de un impacto aún mayor:

“Los problemas visuales son los de menor importancia al lado de los psicológicos y los neurológicos que van a tener”.

El ojo y el cerebro, forman parte del mismo sistema de desarrollo.

Aunque existen tratamientos ópticos y farmacológicos para frenar la progresión de la miopía, “lo que hay que hacer para evitar que progrese es que no miren pantallas y que pasen tiempo al aire libre”.

La prevención, es la única herramienta realmente eficaz frente a un daño que, una vez instaurado, puede acompañar al niño durante toda su vida adulta.

Fuentes:

Consalud- https://www.consalud.es/pacientes/miopia-estrabismo-y-espasmos-el-coste-oculto-de-las-pantallas-en-la-vista-infantil.html

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