Difusión del conocimiento de las ciencias médicas

10/10/2023

Hospitales Verdes y Productos Farmacéuticos

Por Dra. Alicia Parra

. Lectura de 5 minutos

Grandes cantidades de productos farmacéuticos terminan en la basura o en los cursos de agua  y se convierten en serio un problema ambiental.

El aumento de documentación sobre sus efectos en la salud, aún  a bajas dosis,  hace de los fármacos un área prioritaria desde la perspectiva ambiental.
Mientras que a los/as pacientes se les deberá permitir tener acceso al mejor tratamiento farmacéutico, debemos considerar a los mismos como TPBs (tóxicos, persistentes y bi acumulativos) durante su desarrollo, producción, prescripción, compra, donación y disposición final.

El objetivo colectivo debería ser proteger a las personas y al ambiente, de la contaminación que pueden producir estos productos químicos.

La Red Global de Hospitales Verdes y Saludables elaboró una agenda para el logro de este objetivo y de ella surge que se debe:

  • Recetar productos farmacéuticos que correspondan, gestionarlos y disponerlos en forma segura.
  • Reducir la contaminación por productos farmacéuticos restringiendo las recetas innecesarias, minimizando la disposición inadecuada de residuos farmacéuticos, promoviendo la devolución de materiales a los fabricantes y poniendo fin al derroche de productos farmacéuticos como parte de la ayuda en casos de desastres.

 Hoy en día, pueden encontrarse cantidades de trazas de residuos farmacéuticos en suelos y aguas subterráneas de todo el mundo.

Estos residuos provienen de una diversidad de fuentes, incluidos los hospitales.

En los Estados Unidos, por ejemplo, las farmacias de los hospitales pueden almacenar entre 2000 y 4000 productos diferentes.

Es probable que los niveles de fármacos en el ambiente aumenten en los próximos años, a medida que la demanda mundial de productos farmacéuticos se incremente.

Entretanto, la supervisión del Gobierno, en la mayoría de los países, no ha podido evolucionar a la par de la creciente dependencia de los fármacos que experimenta la sociedad moderna.

Las normas que regulan la disposición de residuos farmacéuticos, en muchos casos, están desactualizadas o son contradictorias.

En varios países, se puede comprar casi cualquier medicamento sin necesidad de una receta.

Soluciones hospitalarias

En los países y hospitales donde abundan los productos farmacéuticos, los sistemas de salud pueden desempeñar un papel fundamental en la reducción de los residuos farmacéuticos, limitando la cantidad de fármacos que se recetan y abordando el problema de los residuos en los propios establecimientos a través de políticas claras.

En Suecia, por ejemplo, se ha implementado un sistema que clasifica a las compañías farmacéuticas según su impacto ambiental.

Esto les permite a los médicos seleccionar los medicamentos menos perjudiciales para el medio ambiente cuando existen diversas opciones para el tratamiento de una afección.

Los países de bajos ingresos pueden verse afectados por la donación de productos farmacéuticos inadecuados.

Un ejemplo de esto es el caso de Bosnia y Herzegovina, que de 1992 a 1996 recibió alrededor de 17.000 toneladas métricas de productos farmacéuticos inutilizables. Se calcula que los costos de disposición rondaron los USD 34 millones.

Después del tsunami del Océano Índico en 2004, varios cientos de toneladas de medicamentos vencidos donados a Indonesia se almacenaron en condiciones deficientes. Esta situación conllevó el riesgo de que los medicamentos de mala calidad se vendieran en forma ilegal y fueran consumidos por pacientes incautos, además de la posible contaminación ambiental por derrames o disposición inadecuada.

Los centros de atención médica deberían seguir un control estricto de las existencias (por ejemplo, retirar medicamentos apenas alcancen su fecha de vencimiento), evitar compras excesivas y solo despachar las cantidades requeridas a fin de reducir la generación de residuos farmacéuticos.

Los hospitales y las farmacias también pueden recuperar los productos farmacéuticos que los pacientes no hayan usado y que, de lo contrario, terminarían en el sistema de alcantarillado o en un cesto de basura común.

Quizás lo más eficiente sea centralizar los sistemas de recolección de residuos farmacéuticos a nivel regional o nacional para garantizar que se los trate y disponga de un modo seguro y responsable en términos ambientales.

Todavía no se ha convenido ningún método universal para disponer los residuos farmacéuticos.

En muchos países, la ley exige su incineración, aunque esto puede resultar sumamente contaminante, más aún en países de bajos ingresos se utilizan incineradores u hornos de cemento sin respetar los controles adecuados.

Los comprimidos y grageas suelen envasarse en blísteres de plástico que contienen PVC, cuya incineración produce dioxinas.

Los tratamientos que no involucran incineración también varían según el medicamento.

Los medicamentos de toxicidad elevada, como los fármacos citostáticos contra el cáncer, así como los analgésicos y otras sustancias controladas, requieren un manejo especial.

Si bien algunos fármacos pueden desactivarse mediante el uso de reacciones químicas específicas, este procedimiento no es muy común.

Las tecnologías de destrucción por sustancias químicas que se han desarrollado para otros circuitos de residuos podrían utilizarse para la disposición de productos farmacéuticos, aunque no han podido abrirse paso en mercados donde la legislación exige la incineración.

En general, según recomiendan la OMS y otras organizaciones, la mejor opción sería que los residuos farmacéuticos se devolvieran a sus fabricantes.

En Filipinas, los hospitales han acordado esta medida como parte del contrato de compras.

Los fabricantes conocen bien la composición química de sus productos y están mejor equipados para disponerlos en forma segura.

Los métodos que deberían evitarse incluyen la incineración a media y baja temperatura, la utilización de vertederos sin los controles adecuados y la descarga al sistema de alcantarillado, particularmente en el caso de los medicamentos antineoplásicos.

En regiones de bajos ingresos, la encapsulación o inertización (mezcla con hormigón) antes del desecho en vertederos ofrecen alternativas eficaces y económicas.

Acciones concretas

  • Prescribir pequeñas cantidades iniciales al recetar un nuevo medicamento.
  • No proporcionar muestras de medicamentos a los pacientes, ya que estas suelen terminar en el circuito de residuos (otra opción es desarrollar un programa que reduzca las muestras gratis residuales).
  • Informar a los consumidores acerca de los métodos de inutilización segura de medicamentos vencidos o no utilizados.
    Alentar a las compañías farmacéuticas a que desarrollen sistemas más eficaces de administración de fármacos, de modo que el organismo absorba los medicamentos en forma más eficiente y se minimice la excreción de sustancias químicas.
  • Desarrollar programas de capacitación para médicos con el fin de optimizar sus prácticas de prescripción de medicamentos.
  • Adoptar un plan de centralización de compra y distribución de medicamentos que permita controlar las cantidades que reciben los pacientes y restringir los desechos.
  • En la medida de lo posible, celebrar contratos que garanticen la devolución de los fármacos sobrantes al fabricante.
  • Asegurarse que los residuos farmacéuticos se traten y dispongan conforme a los lineamientos aplicables del país o la OMS.
  • Asegurarse de que solo se donen los productos farmacéuticos solicitados y que las donaciones cumplan con las políticas de la OMS y del el país de destino.
  • Iniciar o promocionar programas de recuperación de medicamentos no utilizados para evitar que los pacientes los arrojen a los desagües o a la basura junto con los residuos comunes.

El objetivo colectivo debería ser proteger a las personas y el ambiente de la contaminación de estos productos químicos peligrosos.

Fuentes:

Red Global de Hospitales verdes y saludables https://hospitalesporlasaludambiental.org/productosfarmaceuticos11

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