La dentición mixta que aparece entre los 6 y los 12 años marca una transición clave en la salud bucal, con riesgos específicos que requieren prevención, supervisión adulta y revisiones periódicas
La boca de un niño entre los 6 y los 12 años vive una transformación constante.
No se trata solo de un cambio físico evidente, por la caída de dientes de leche y la llegada de los permanentes, sino de una etapa que, según los especialistas, condiciona la salud bucodental del futuro adulto.
En este momento se define la estructura que le acompañará toda su vida, motivo por el que odontopediatras y expertos recalcan la necesidad de reforzar la prevención y el acompañamiento familiar.
Desde el punto de vista odontológico, la infancia puede dividirse en tres grandes fases. La primera hasta los 2 años, la segunda entre los 2 y los 6 años y la última de ellas, entre los 6 y los 12 años, se corresponde con la llamada segunda infancia: un periodo marcado por la dentición mixta.
Primer molar permanente
La Dra. Marta Larrea, odontóloga y Global Medical Lead en Dentaid, refirió:
“En esta fase, que se corresponde con la segunda infancia, cuando se produce la transición determinante para su salud bucal”, durante estos años “conviven los dientes temporales con los primeros dientes permanentes, lo que genera una dinámica constante de cambio en la anatomía de la boca”.
Uno de los hitos más significativos es la erupción del primer molar permanente, que emerge sin sustituir ningún diente de leche y, en muchas ocasiones, pasa desapercibido para las familias.
Recambio de piezas
A la erupción del primer molar permanente se suma el recambio progresivo del resto de piezas, así como la consolidación de rutinas de higiene deben acompañarnos toda la vida.
La Dra. Larrea advierte que una falta de supervisión o una mala práctica durante esta fase puede “afectar directamente a la salud bucal de por vida”.
“La prevención, el acompañamiento familiar y las revisiones periódicas son esenciales para garantizar que estos cambios se desarrollen de forma saludable, en paralelo a su crecimiento físico y emocional”.
La dentición mixta, aumenta la vulnerabilidad frente a las patologías más frecuentes en la infancia: caries y gingivitis.
La acumulación de biofilm provoca la aparición de las dos patologías bucales más frecuentes en niños: caries y gingivitis.
El riesgo se incrementa aún más si se tiene en cuenta que, a estas edades, los menores suelen consumir con mayor frecuencia alimentos y bebidas azucaradas, lo que contribuye de forma significativa al desarrollo de caries.
Las revisiones periódicas permiten detectar a tiempo alteraciones en la erupción, caries incipientes, problemas de alineación o hábitos orales inadecuados que pueden agravarse si no se corrigen durante esta etapa de transición.
Primera y segunda infancia
En cuanto a las diferencias entre la primera y la segunda infancia, en los primeros años el foco se sitúa en la erupción de los dientes temporales y en la instauración de los hábitos básicos.
“La prioridad es evitar la caries de inicio precoz y establecer rutinas de higiene bucal guiadas por los adultos”.
En cambio, entre los 6 y los 12 años comienza un proceso clave: el niño empieza a adquirir autonomía en su higiene. Sin embargo, la responsabilidad adulta continúa siendo imprescindible.
El objetivo es que estas rutinas se empiecen a hacer de manera autónoma, aunque la figura del adulto sigue siendo indispensable para garantizar que se hace correctamente”.
Esta supervisión no solo se limita a la rutina diaria, sino también a las visitas al dentista.
Durante la segunda infancia, el seguimiento profesional permite acompañar los cambios estructurales que experimenta la boca y prevenir complicaciones futuras.
Decálogo de Salud bucal
En el Decálogo de salud bucal , elaborado por los profesionales de Dentaid, se subrayan algunos pilares esenciales: supervisión, prevención y alimentación adecuada como claves para un desarrollo bucal saludable.
Mientras la caries siga siendo un problema global con importante impacto en la calidad de vida de los niños, la educación sanitaria y el acompañamiento familiar se consolidan como herramientas indispensables.
La segunda infancia se presenta así como un punto de inflexión: una oportunidad para construir salud o, si se descuida, para iniciar un camino de problemas evitables.





















































